OK, quizá exageré un poco con el título, no es que esté tan desolado. Hay juegos con ambientación mucho más desierta, pero es que si le prestamos atención a ciertos detalles, vamos descubriendo que la aventura tiene toques postapocalípticos.
Tenía 13 años cuando me regalaron el video juego de Megaman Legends. Se trataba del salto a 3D del famoso bombardero azul de Capcom. Recuerdo que mi hermana siempre me decía que la música de ese juego era deprimente. Yo no le hacía caso y decía que eran cosas suyas. Sin embargo, con el pasar de los años, al rejugarlo comencé a notar ciertos aspectos que tenía el juego y su historia… Tal vez mi hermana no estaba tan equivocada.
Es hora de ser abofeteados por la nostalgia, así que sírvanse un cafecito, que esta vez visitaremos el universo de Megaman para hablar bonito de su ambientación.
Muchos comparan este juego con The Legend of Zelda: Ocarina of Time (pese a que Megaman Legends se lanzó primero), se dice que por la misma mecánica que compartían de explorar templos, o ruinas subterráneas en este caso. También está el factor de poder hacer upgrades al personaje principal para así lograr romper bocas de manera más fácil y placentera, como si se tratara de un RPG, o la libertad de moverte por el entorno sin tener que cumplir necesariamente de forma estricta todas las misiones del juego, pues hay misiones secundarias que son opcionales pero bastante divertidas y que robustecen bastante el juego.
Pero para mí, Ocarina of Time y Megaman Legends son muy diferentes. El primer motivo es porque en Megaman los personajes tienen voces, puedes escucharlos interactuar, lo que hace que los personajes se sientan vivos. El segundo motivo es por su estética, que no tienen nada que ver el uno con el otro; mientras uno es tecnológico y futurista, el otro es más de estilo místico/épico. Y el tercero y más importante, es su ambientación. En LoZ se respira un aire oscuro, mágico y medieval, mientras que en Megaman es completamente diferente.
Si no saben de qué va el juego, yo se los cuento. La aventura se desarrolla en un futuro distópico en el que el planeta terminó cubierto casi en su totalidad por enormes mares, obligando a los humanos a vivir dispersos en islas, pudiendo moverse entre territorios usando barcos o naves voladoras. Nuestros protagonistas son Megaman, su hermana adoptiva Roll, su abuelo adoptivo Barrell y Data, un pequeño mono que se agita de un lado a otro sin parar, como si sufriera de un ataque de lombrices. Los cuatro forman un sólido equipo desempeñandose como diggers (o excavadores, para los nativos de nuestra hermosa lengua madre), exploradores de ruinas antiguas custiodadas por robots asesinos, que pueden encontrarse bajo tierra o en mitad del mar. En estos yacimientos por lo general consiguen tesoros, chatarras y unos diamantes del tamaño de sandías que se utilizan como energía, a los que llaman refractores. El objetivo del juego es explorar una isla llamada Kattelox, en la que quedan varados luego de que su nave se averíe, buscando lo que haga falta para repararla y largase de ahí lo antes posible, pero descubriendo secretos terribles en el proceso. ¿Simple? Sí, pero bastante entretenido.
Partiendo de aquí, el juego muestra un ambiente único en el que las pocas ciudades que pueden encontrarse están de verdad dispersas, rodeadas de entornos rurales y silvestres. A pesar de ambientarse en el futuro y mostrar robots, naves y armas láser, las ciudades tienen una arquitectura urbana de lo más común, pero aún así son lugares pequeños, acogedores y muy pintorescos. De pequeño no lo noté, pero al revisitar el juego me di cuenta de que la isla cuenta con pocos habitantes, además todos se parecen (tal vez por la limitación de la consola de aquella época o porque exista la endogamia en la isla), pero mientras investigas la isla averiguas que años atrás ocurrió una horrible catástrofe que diezmó a gran parte de la población, lo que podría explicar la poca cantidad de gente que encuentras. Todo esto le da un aire postapocalíptico y de soledad al juego que puede percibirse al pasear por Kattelox. Por momentos se puede ver la dura realidad: los habitantes de la isla han logrado recuperarse de un desastre natural e intentan vivir una vida tranquila, pero en un constante miedo de que el cataclismo vuelva a repetirse.
Otro detalle relevante del juego es su música. Pese a que mi hermana se sentía deprimida al oírla, sí debo admitir que el soundtrack que se escucha en los diferentes ambientes de la isla es muy calmado y en ocasiones melancólico, en especial en Apple Market, al inicio del juego. Megaman Legends te invita a que explores cada rincón de Kattelox con tranquilidad y te tomes el tiempo de hablar con cada uno de los lugareños para ver qué tienen para contarte, y su música es un complemento ideal que te acompaña para que lo hagas.
Cuando no estás machacando reaverbots, dañándoles los planes a los Bonnes (los villanos de la historia) o seduciendo a casi todas las féminas de la isla (en serio, casi todas babean por Megaman), hay mucho que hacer y conocer; puedes pasear por el silencioso y tranquilo Bosque Cardon, o visitar el oeste de la ciudad, el lugar más movido y cultural de la isla, adornado por un hermoso puerto, o puedes echar un vistazo al abandonado y decadente este industrial de la ciudad, una zona muerta donde la soledad pesa y además corres el riesgo de ser mordido por los perros callejeros si no andas con cuidado. También puedes recorrer el Apple Market y encontrar todo tipo de piezas y chatarras que Roll puede transformar en poderosas armas. Siempre he considerado este juego como una aventura turística intercalada con ratos de acción y misterio.
Incluso cuando el juego termina, antes de partir te dan la oportunidad de recorrer la isla por última vez y despedirte de todos los personajes, rematando además con una última cinemática muy emotiva en la que puedes ver que todos los habitantes se juntan y te saludan a lo lejos. Es un bonito detalle que hace termines encariñándote con ellos y al apagar la consola sientas un pequeño vacío que te pide que revisites la isla (son lágrimas de macho, en serio).
No se dejen engañar por la simpleza de su historia o sus limitados gráficos propios de la época, Megaman Legends es un videojuego hecho con cariño y que buscó romper con la fórmula plataformera que tenían todos los juegos anteriores de la saga. Y aunque no sea un juego perfecto, siempre apetece visitar Kattelox y zambullirse en ese ambiente melancólico pero a la vez cálido.
En este punto espero que estén llorando o que tengan ganas de ir corriendo a rejugar Megaman Legends, pero sea cual sea el caso, les mando un saludo intergaláctico lleno de refractores y cafeína.



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