En un mundo que se debate entre una guerra ruso-ucraniana y una semi pandemia que cada mes estrena una variante nueva del virus, es más que válido tener un lugar feliz en donde dejar de lado el saco de problemas que nos abofetean indirectamente todos los días de nuestra existencia.
Ese lugar feliz puede ser físico o mental. En mi caso, es mental y está plagado de momentos, videojuegos, series, canciones y cosas que uno creería que no servirían de mucho, pero que realmente me tranquilizan cuando estoy al borde un colapso nervioso. Y estos días estuve visitando mi biblioteca mental (algo que se debería normalizar en todo el mundo), y recordé varios animés de los que nunca más se volvió a hablar y que la gente parece haber olvidado. El primero de ellos y del que trata esta entrada, es nada más y nada menos que Burn Up.
Así que sírvanse su cafecito, que llegó la hora de ponernos nuestro trajecito ceñido de Warrior para visitar el universo de la saga Burn Up.
Corría el año 1996, en plena década del boom del animé en este lado del mundo, cuando una miniserie conformada de 4 ovas hizo su aparición. Su nombre era Burn Up W. La trama, aunque era simple, enganchaba mucho (probablemente por un elemento que mencionaré en breve). Se trataba de un grupo conformado por cuatro hermosas chicas con distintos talentos para resolver casos clandestinos que la policía convencional no podía hacer. Sus nombres eran Ryo (la protagonista), Maya, Lilica y Nanvel. También estaba su líder, Maki, que era una mujer con un misterioso pasado y Yuji, una especie de policía pervertido/pendejón que hacía de alivio cómico en la mayoría de escenas (aunque a veces sí se le iba la mano).
Hasta aquí suena como un show normal. Sin embargo, retomando lo que dije en le párrafo anterior, una de las mayores razones por las que la gente recuerda este animé es por la gran cantidad de fanservice que contenía. La serie tenía elementos de ciencia/ficción, aventura, acción y mucha comedia, pero sobre todo rayaba en lo ecchi, es decir, tenía muchas escenas subiditas de tono, varias de las cuales podrían ser consideradas hoy en día como acoso sexual.
¿Una escena en la que las chicas conversan de cómo va el día? ¡Claro! Pero que aparezcan todas en ropa interior. ¿Qué tal una escena de Maya practicando tiro al blanco con una ametralladora? ¡Me parece genial! Pero que al disparar las tetas le brinquen por la vibración del arma. ¿Resolvemos un secuestro rehenes de manera original? ¡Por supuesto campeón! Venga esa Rio en pelotas y caso resuelto. Digamos que eran escenas que incomodarían a un adolescente si sus padres lo veían mirándola.
Pero fuera de su erotismo desenfrenado, paródico y sin sentido, hay que admitir que la serie era bastante divertida y muy entretenida. Si le prestabas atención a la trama (no, no me refiero a las escenas de las chicas mostrando la ropa interior), podías quedarte enganchado fácilmente y querer ver qué otro caso absurdo presentaría el siguiente capítulo. Además de eso, había muchos otros elementos que se hacía comunes en la serie y con los que te ibas familiarizando fácilmente, como el muy mal manejo del dinero que sufría Rio, la adicción enfermiza de Maya por disparar armas de fuego, el amor de Nanvel por la tecnología y los dispositivos electrónicos hasta tratarlos casi como seres vivos y la extraña manía de Lilica por no salir nunca del cuarto de computadoras. Cada personaje era una total locura y al juntarse causaban escenas descabelladas.
De la estética del show es de lo que más me apetece hablar, porque adoro esos animés de look noventoso y porque fue uno de los animés que me influenció para aprender a dibujar en estilo manga en mi adolescencia, junto a Saber Marionette y Evangelion. Esos colores son semi opacos como de VHS, muy propios de la época, aquellos trazos limpios y ultradelgados y esos fondos que a pesar de ser estáticos siempre están llenos de detalles y dan la sensación de ser casi palpables. Todo se mezcla y resulta un producto al que irónicamente muchos animés de hoy en día no le llegan a los talones en cuanto a calidad, a pesar de usar mejor tecnología.
Creado por el mangaka Ōgure Ito (apodado Oh! great) y también famoso por sus otras obras Tenjho Tenge y Air Gear, Burn Up nos mostraba una versión semi futurista de la ciudad de Tokio en la que la delincuencia hace de las suyas y en donde la policía son una cuerda de inútiles, por lo que cuando todo falla, no hay otra opción que llamar a Las Warriors, un grupo de chicas que con sus habilidades casi sobrehumanas son capaces de resolver todo (no de la mejor manera). Y es esa visión corrupta pero desenfadada de Tokio la que le da un toque adictivo a la serie, dando incluso ganas de explorarla en compañía de las protagonistas, que siempre tienen algo divertido que hacer, a pesar de los peligros que las acechan.
En Latinoamérica, la serie fue estrenada en el legendario canal de animación Locomotion, donde muchos millenials dimos nuestros primeros pasos como otakus principiantes, saliendo un poco de Dragon Ball y los Caballeros del Zodiaco. Primero se estrenó su OVA de cuatro partes; Burn Up W, seguido de Burn Up Excess, una serie de trece episodios cortos y por último, años después se estrenó Burn Up Scramble, una especie de remake que, a pesar de haberla disfrutado, no tenía casi nada de la esencia original del show, ni siquiera el mismo estilo de ilustración.
Entretanto, les envío un saludo intergaláctico lleno de cafeína.







Recuerdo reírme mucho con esta serie. Es cierto que ya casi nadie habla de ella. Lo último que pudimos ver fue Scramble y de ahí se acabó todo. Ojalá vuelva algún día.
ResponderEliminarmi favorita era maya! amaba este anime.
ResponderEliminar