Ya han pasado casi dos décadas desde que salió el queridísimo Resident Evil 4 y la gente sigue enganchada a él como si fuera la primera vez. Y es que esta entrega cambió por completo la saga de zombies de Capcom y sembró las bases para el desarrollo de juegos como lo conocemos en la actualidad.
Hoy quiero hablarles sobre este juegazo, específicamente de la sensación que generaba en los jugadores y del porqué se convirtió en un referente para la industria.
Así que sírvanse un cafecito, que llegó el momento de ir a cazar a algunos ganados sin despeinarnos, pues visitaremos el universo de Resident Evil.
Fue por allá en el año 2006 cuando jugué por primera vez a Resident Evil 4, y lo admito, al igual que todos, el juego me voló la cabeza. Fuera de su nuevo apartado gráfico, la historia, que ahora no contaba con zombies sino campesinos españoles muy encabronados y otras criaturas, fue la jugabilidad la que marcó un antes y un después en la historia de los videojuegos.
Pero ¿por qué tanto alboroto por un videojuego que se juega igual que cualquier otro juego de la actualidad? ¡Alto ahí compas! Si estás leyendo esto y naciste después del año 2000, probablemente no tengas muy claro cómo era la vida de los gamers antes. Y no hay problema, aquí se los puedo ilustrar.
Imagínense venir de jugar a la PlayStation 1, en donde los videojuegos eran experimentales, MUY experimentales. No había un estándar a seguir, sino que cada juego ofrecía un sistema diferente. Esto hacía que una franquicia pudiera triunfar a lo grande o fracasar estrepitosamente, a diferencia de hoy en día, en donde casi todos los juegos implementan sistemas muy parecidos para no fracasar. Es raro ver hoy a alguna compañía que se arriesgue. Y es ahí donde entra Resident Evil, que antes contaba con sus famosos controles tipo tanque, esos que las generaciones actuales encuentran muy difíciles e insufriblemente inmanejables.
Ahora, imaginen que superan los tres juegos clásicos de la saga, que de verdad eran un verdadero reto, y se sienten como todos unos campeones. De pronto, Capcom lanzó Resident Evil 4 y todo cambió. La perspectiva cambia a una en la que la cámara está detrás del personaje que controlamos y quedó atrás el control tanque, todo estaba mejor modelado, los enemigos básicos ya no son los zombies lentos y torpes que infestaban las hediondas calles de Raccoon City, sino unos campesinos con un falso acento español que te persiguen, armados con picos, trinchetes, hachas, antorchas y hasta con motosierras. Los entornos, a pesar de ser amplios y abiertos, saben cómo transmitir esa sensación de opresión y hostigamiento, te hacen sentir nervioso porque ya no estás en tu pequeña y conocida Ciudad Mapache. Esta vez te encuentras solo, en un pueblo olvidado de la mano de Dios, donde todo es sepia, la higiene no existe y todos quieren matarte.
Pero apartando el shock que suponen las dos primeras partidas y sobre todo la primera decapitación que te hace el Dr. Salvador, el hecho de que ahora los enemigos contaban con un poco más de “consciencia” y eran más rápidos que un zombie, te hacía entrar en un estado de alerta cada que vez que comenzaba a sonar la música de fondo. El juego te ponía a enfrentar a una horda de agricultores en los primeros cinco minutos de la aventura y obviamente es casi imposible pasarla a la primera, así que terminábamos sintiéndonos como perdedores.Pero una vez que lográbamos derrotar a aquella odiosa oleada, una llama de esperanza se encendía en nuestro pecho, pensábamos “Quizá no sea tan malo en este juego”. Sí, lo éramos. Resident Evil 4 contaba con algo llamado ajuste dinámico de dificultad, es decir, si te estaba costando mucho, el juego disminuía la dificultad para hacértelo un poco más fácil. Ahora, si te estaba yendo de maravilla, la dificultad sube para hacértelo más difícil. Y es allí en donde radica lo especial del juego, porque cuando logras dominar bien las mecánicas y te adaptas mejor a cada situación por más difícil que fuera, es cuando te das cuenta de que el juego puede hacer que pases de ser el jugador más manco al gallo más cabroncito del corral. Todo esto sin darte cuenta.
Conforme avanzas, el juego te da con todo lo que tiene y la satisfacción que te invade al superar cada reto, es indescriptible y se vuelve más y más adictivo, aún a día de hoy. Y eso, en mi opinión, es lo que hizo tan especial y único a la cuarta entrega numerada de la saga zombie de Capcom. Fue realmente un soplo de aire fresco a la franquicia.
También hay otro montón de cosas que hay que recalcar del juego y que lo convierten en uno de los mejores de la historia, pero ese es tema para otro post. Por ahora les mando un saludo intergaláctico lleno de horas extras y mucha cafeína.



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