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Los animés que el mundo olvidó – Parte 2: BUBBLEGUM CRISIS TOKYO 2040

Nunca he sido fan de los musicales. No me entusiasman mucho. A excepción de las películas clásicas de Disney, cuyas canciones están tan bien hechas, que es imposible resistirse a ellas.

Eso sí, cuando me llega a gustar un musical, me aprendo hasta la última de las canciones de la película, me descargo la playlist del soundtrack, lo escucho en la ducha, en el autobús, en el trabajo, cuando dibujo, cuando cocino y hasta cuando ando depre, y más si la música ayuda al mood.

Dentro del animé de los 90, hay uno muy especial para mí, al que considero un musical, aunque no lo sea. Se trata de Bubblegum Crisis: Tokyo 2040. Toda una joya clásica de la animación japonesa.

Y es de esta serie de la que vengo a contarles en esta ocasión, así que sírvanse su cafecito y pónganse sus armaduras de Knight Sabers, porque vamos a viajar al distópico universo de Bubblegum Crisis.

Contaba yo con 12 primaveritas cuando vi el anuncio en televisión abierta; el comercial de un nuevo animé protagonizado por cuatro hermosas chicas embutidas en armaduras futuristas, que se encargaban de destruir robots (o boomers) enloquecidos. Todo ambientado en el año 2040, en el que Japón, tras "recuperarse" de un terremoto, es gobernado por la maligna Corporación Genom, quien crea los robots y a su vez los controla para convertirlos en terribles máquinas de matar.

Bajo esa premisa nada puede salir mal. Y así fue. Y es que BGCT2040 fue la primera serie del género cyberpunk que tuve la oportunidad de ver y no me decepcionó. Contaba con personajes entrañables, una ambientación que te atrapaba y no te dejaba ir, una animación experimental (propia de la época) que mezclaba escenas 2D con 3D, hermosos y coloridos diseños de personajes (cortesía del gran Masaki Yamada), y luego, en un renglón aparte, está su música. ¡Dios mío, esa música!

Tengo que hacer una breve pausa aquí para una acotación: la música de Bubblegum Crisis: Tokyo 2040 es algo que a sol de hoy no he podido superar. Es uno de mis favoritos de siempre. El soundtrack de esta serie se merece un artículo por sí solo para explicar por qué es tan genial, y estoy seguro de que voy a escribirlo.

Solo para explicarlo en rasgos generales, se trataba de una mezcla de rock con sonidos ambientales futuristas, mucho ruido de guitarras eléctricas, melodías con tonos electrónicos y la guinda del pastel: las canciones vocalizadas por Priss Asagiri, uno de los personajes principales de la serie y que contó con dos actrices de doblaje para su voz; Yū Asakawa para los diálogos y Akira Sudou para las canciones.

Hay que aclarar que este animé es un remake de una serie OVA, transmitida en 1987 y cuyo título era simplemente Bubblegum Crisis. El estilo de dibujo y la animación eran muy diferentes, siendo las típicas de los años 80, con excepción del diseño de las armaduras, que es prácticamente igual. Hace un par de años la vi y es igual de genial que Tokyo 2040. Muy recomendada si amas la estética ochentera. Las canciones vocalizadas de la versión original fueron interpretadas por la famosa cantante Oomori Kinuko y en mi opinión, eran igual de explosivas y pegadizas. Les dejo aquí abajito la canción "Konya wa hurricane", interpretada por Oomori.


Volviendo a la versión Tokyo 2040, este animé sigue estando en mi top 10 de favoritos, pues como saben, yo estaba obsesionado con Dragon Ball y Saint Seiya y me costaba ver animés de otro género. Bubblegum Crisis me abrió la mente y me hizo entender que una buena historia no tenía que tener a adolescentes partiéndose la boca y lanzándose poderes de rayitos y luces. Se podía disfrutar de futuros distópicos, de tramas con un mood más oscuro y denso, de otro tipo de música y de temas más adultos. 

Por ejemplo, a diferencia de los personajes como Gokú y Seiya, las protagonistas de BGCT2040 eran chicas ya adultas (aunque no tanto) que se enfrentaban no solo a los boomers (los robots que enloquecían, no tus padres), sino también a problemáticas reales de la vida adulta, como el trabajo, el dinero, la presión social, la culpa y el remordimiento. Durante el día, las chicas Priss, Nene (mi favorita), Linna y Sylia tenía cada una su ocupación, debían trabajar como cualquier adulto normal. También tenían sus aficiones; Priss era cantante y tenía como hobby las motocicletas, Nene era operadora de la Policía AD y en su tiempo libre se dedicaba a ser hacker informática, Linna era ejecutiva en una empresa y sus ratos libres se los dedicaba al deporte, mientras que Sylia tenía su propia boutique de ropa y le encantaba la natación. Y al llegar la noche, se convertían en las Knight Sabers, cuatro mercenarias enfundadas en poderosas armaduras de última tecnología (llamadas hardsuits) que se encargaban de destruir boomers fuera de control, para proteger a la gente, ganándose así el odio de la Policía AD, que en teoría, son los encargados de cuidar la ciudad.

La serie cuenta con 26 episodios, unos mejores que otros. Lo que sí es cierto es que, en la segunda mitad, la trama se pone un poco loca y más densa, pero no por eso menos interesante. Siempre es genial poder regresar al Tokio distópico del año 2040, que está impregnado de extraña tecnología, robots, un toque de miseria, una espectacular ambientación oscura, esa sensación sofocante que brinda la ciudad japonesa resurgida (a medias) de sus cenizas luego de un terrible terremoto, los hermosos y coloridos diseños de personajes que resaltan sobre los fondos cargados de penumbras, cable y metal, pero sobre todo, esa mezcla de rock ‘n roll con música electrónica y sonidos industriales que acentúan la deshumanización que rige la trama de este grandioso animé, que nos enseña que, pase lo que pase, debemos luchar con coraje contra lo que venga, como lo hacen las Knight Sabers.

Les recomiendo echarle un vistazo a Bubblegum Crisis: Tokyo 2040 y a su versión original, si aún no lo han hecho, y que disfruten de una experiencia 100% cyberpunk que no olvidarán. Entre tanto, les mando un abrazo cargado de cafeína y recordándoles que las Knight Sabers siempre will be waiting for you (en serio, nunca dejaré la obsesión con este soundtrack).


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