Es domingo por la tarde y estás aburrido viendo la televisión. De pronto pones un canal y ¡PAM! Están pasando Dragon Ball Z. Una voz en tu cerebro aparece diciéndote que sigas con tu rutina de zapping porque muy dentro de ti, sabes que es la quingentésima vez que ves ese episodio y hasta los diálogos te sabes. Pero el impulso nostálgico es más fuerte y te quedas a ver el capítulo completo… y los que se vengan.
Pero algo se rompe en ti cuando ya has visto la misma serie una y otra vez. Llegas a un punto de no retorno. Y es que ya empiezas a ver detalles que antes no notabas, como por ejemplo una escena mal dibujada, un color donde no va o incluso el ojo desviado de un personaje (te hablo a ti Trunks del futuro con cara de sorprendido).
En mi caso, ya poseo el inútil (pero placentero) súper poder de descifrar en menos de 5 segundos en qué punto de cuál saga se encuentra la serie solo con ver un capítulo, no solamente porque me sé Dragon Ball casi de memoria, sino porque considero que la ambientación de cada arco argumental, que son en total cuatro (cinco si contamos la infame saga relleno de Garlick Jr.), cuentan con esos elementos que dispara ese clic en tu mente para decir “¡Ah! La saga de Majin Boo” o “Aquí se vienen las Fuerzas Ginyū”. Uno de esos elementos es la estética. Cada saga tiene un estilo propio, una esencia visual y un mood específico que hace que los espectadores se sientan de diferentes maneras.
Y aunque muchos crean que toda la serie es igual, voy a demostrarles lo contrario, así que sírvanse un cafecito que esta vez visitaremos el universo de Dragon Ball Z para hablar de la estética de cada saga:
SAGA DE LOS SAIYANS
En la primera saga, nuestro protagonista de pelos necios se entera de que no es humano, sino que proviene de una raza extraterrestre denominados Saiyajíns (o saiyans, si me lees desde España). Los saiyajíns son básicamente humanos con cola de mono, con un apetito insaciable por las peleas y con una fuerza fuera de lo común, pintándoseles como una raza salvaje que adora conquistar planetas.
El caso es que esta saga contó con una ambientación de colores terrosos, marrones, naranjas y rojizos. Una paleta de tonos que hacen referencia al instinto salvaje y primitivo de los saiyajíns. La mayoría de los escenarios eran al aire libre, de esos sitios donde puedes tragarte un puñado de arena si vas con la boca abierta y el viento te juega una mala pasada.
Nos mostraban lugares rudimentarios y rurales, como la isla en la que Piccolo entrena a Gohan, el infierno (que curiosamente tiene mucha tierra) o la zona donde Gokú y Vegeta se parten la boca en una de las peleas más épicas, que es en un terreno muy rocoso y desierto. Todo en esta saga hace resaltar ese lado animal de los saiyajíns.
SAGA DE FREEZER
En este arco nuestros amigos se nos van de viaje intergaláctico, comenzando con Bulma, Krilin y Gohan partiendo al planeta Namek, donde sus habitantes son, de manera involuntaria, muy fans del verde.
Aquí todo cambia a una estética totalmente extraterrestre. En Namek el cielo es verde, la hierba es azul y no hay wifi. A pesar de que hay muchas escenas al aire libre, las estructuras arquitectónicas tienen un gran protagonismo, como las casas de los namekianos, que son ovaladas, con muchas curvas y algunas tienen hasta cuernos, dotándolas de un estilo semi orgánico.
Los tonos verdes son los que mandan y hacen contraste con el blanco de las casas y de las ropas de los namekianos. Por el lado del ejército de invasores de Freezer, vemos que tienen esa textura de líneas en todas partes; las naves, las armaduras, las extremidades de Freezer, que le dan ese toque no terrestre, muy a lo Alien. Y hablando de aliens, ya saben que a este peliculón viejo se le hizo su merecido homenaje con la segunda transformación de Freezer.
Mención especial a la pelea final, que es también todo un festival de contrastes con Gokú vestido de naranja (y estrenando cabello rubio) y Freezer, que va desnudo pero su combinación de blanco y violeta es perfecta para hacerlo resaltar del monótono ambiente verdoso de Namek. En resumen, todo apunta a lo alienígena en esta saga.
SAGA DE CELL
Pasamos a la tercera saga, que es mi favorita. La trama se desarrolla de vuelta en el planeta Tierra y te hace sentir como si estuvieras en una película de ciencia ficción de los 80’s, como Terminator. Y está claro el porqué; aquí los villanos son androides. Tenemos al Sr. Barriga (Androide 19), Don Ramón (Androide 20), los gemelos 17 y 18, el gigantón androide 16 y claro, Cell.
Aunque de manera más sutil, se usan tonos neutros, como por ejemplo el blanco de la habitación del tiempo, los trajes de saiyajín que Bulma diseña para que Gokú, Gohan, Trunks y Vegeta entrenen y la plataforma de pelea del Juego de Cell. También puede verse que los androides visten colores fríos, en especial Nro. 18 y Nro. 16. El color verde de Cell y el turquesa de los Cells Jr. refuerzan la paleta fría.
Además hay movidas locas como viajes en el tiempo, tramas de inteligencia artificial, un par de desmembramientos robóticos, entornos más urbanos y mucho tecleo de parte de Bulma, a la que vemos en su laboratorio lleno de colores metálicos y superficies lisas. Un tributo a las películas de estilo cyberpunk ochenteras.
SAGA DE MAJIN BOO
Esta es la saga más rara, pero con el estilo más definido. El enemigo de turno es Majin Boo, un monstruo hecho de chicle y con el intelecto de un niño de 3 años. En este arco argumental lo que más resalta es la magia y el misticismo, aunque al final todo termine definiéndose a madrazos.
El color predominante es el rosado, que lo vemos de primera mano en la piel de Majin Boo. Se usa el púrpura, MUCHO púrpura y también el violeta para la ambientación, en el planeta supremos de los Kaio-shin por ejemplo, donde el cielo es de un azul violáceo y le da un toque místico. Estos seres utilizan ropas anticuadas de tonos morados para resaltar su estatus de deidades. Y no se queda solo en atuendos, también tienen el morado en la piel, como el Kaio-shin del este y el viejo Kaio-shin. Otros objetos y personajes donde se pueden ver tonos rosados son en la piel de Dábura, en la capa del Majin Boo gordo y en la piel de Kibito.
Las lunas que flotan alrededor del planeta supremo ayudan también a que la ambientación se sienta más mística, al igual que las peleas en la segunda mitad de la saga, que ocurren en el planeta tierra luego de que todos los humanos han sido asesinados por Boo, generando esa sensación de desasosiego en la que no se sabe cómo es que piensan arreglar todo… Muy parecido a la vida de adulto.
Como ven, nada en esta serie está hecho a lo idiota. El estilo de cada etapa está bien fundamentado sin dejar de lado la estética base que planteó Akira Toriyama. Si estás buscando inspiración para crear algún personaje o definir la estética para un cómic, estas cuatro variantes pueden ayudarte a que se te encienda el bombillo. Lo que sí espero es que si por cosas del destino caes en el vicio de ver de nuevo Dragon Ball, puedas notar estos detalles mencionados aquí y recuerdes esta publicación, hecha con ocio, pero con mucho esmero.
Tanto si llegaron hasta aquí, como si piensan que he visto demasiado Dragon Ball, les mando un saludo intergaláctico lleno de ki y cafeína.





Qué análisis tan brutal!!!! Sigue así!!!
ResponderEliminar¡Gracias bro! Por ahí se viene uno de Dragon Ball GT.
Eliminarwow esto me gustó! no soy fan del anime pero, qué interesante, me da otra perspectiva. Espero ver más análisis así.
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